Animemos a nuestros hijos a crecer

Una vez más me asomo a esta ventanita que tenemos en SoleteS para compartir mi opinión con todos los que estáis "conectados". Espero que lo que aquí se publique sea de vuestro interés. Por supuesto se admiten sugerencias, criticas, y debate...Eso será lo mejor. Una de las mejores maneras de aprender es a través de las experiencias de otros. ¡Así es más enriquecedor!

Hoy me gustaría empezar haciendo una pequeña reflexión: Cuando hablamos de crecer, nos viene a la mente la edad infantil. Sin embargo, el proceso de crecer se prolonga a lo largo de toda una vida. Vamos pasando de una etapa a otra aceptando la autonomía que requiere cada etapa y superando la anterior al dejar atrás rutinas, formas de hacer, en definitiva dependencias que nos han servido durante un tiempo.

En los primeros años de vida, según el niño va creciendo, pasa de la lactancia a tomar alimentos enteros, de arrastrarse a ponerse de pie, de ser vestido a vestirse, de vivir en un entorno familiar conocido a asistir a un centro escolar...Va pasando momentos o etapas del crecimiento de forma muy dinámica.

Padres, madres y educadores tenemos que tener en cuenta que para que los niños disfruten de las ventajas de los nuevos aprendizajes, les debemos hacer ver que pasar de una etapa a otra supone el esfuerzo de desprenderse de lo que conocen y afrontar lo desconocido. Muchas madres y padres, cuando comprueban que a sus hijos les resulta costoso dar pasos hacia su propia autonomía, evitan que se esfuerce, evitando también que disfruten de los nuevos aprendizajes.

No debemos frenar su desarrollo pensando que lo hacemos "para que no sufran", al contrario, les debemos animar a crecer. Cuando les enseñamos a ser autónomos, a no depender de nosotros para todo, se sienten mucho mejor. Crecer también conlleva asumir pequeñas responsabilidades que les hacen madurar y el asumirlas les reporta seguridad y confianza.

Conseguir superar las dificultades de nuestra vida cotidiana nos hace más seguros, nos llena de felicidad, nos sentimos contentos y felices son nosotros mismos. Pues bien, los niños tienen esos mismos sentimientos en los pequeños logros que consiguen día a día. Y también en aquellos que les supone un gran esfuerzo.

Desde aquí os animo a que no sobreprotejamos a los niños y niñas, sino que les enseñemos a que intenten hacer ellos solos, aquellas que cosas que son capaces de hacer. Padres y educadores debemos ayudarles, pero no limitar su aprendizaje. Y reforzar lo que consigan es importante para afrontar nuevos retos.

¡Esto les ayudará a lo largo de toda su vida, en todas las etapas!

Yo puedo cambiar las cosas

Este relato fue escrito por Elizabeth Silance Ballard en 1976 y publicado en la revista "Home Life Magazine". Hoy quiero compartirlo con todos vosotros.

La joven señorita Thompson se puso frente a su clase de quinto el primer día de colegio y les dijo a sus alumnos y alumnas una mentira. Como casi todos los maestros miró a sus alumnos y les dijo que les quería a todos por igual, pero eso era imposible porque, en la primera fila, desplomado en su asiento había un chico llamado Teddy Stoddard.

La señorita Thompson había observado a Teddy por el colegio el curso anterior y había notado que no se llevaba bien con los otros niños, que su ropa era un desastre y que siempre iba sucio.

Teddy podía resultar desagradable. Llegó a tal punto que la profesora disfrutaba califiacando sus trabajos con un rotulador grueso y rojo, haciendo grandes tachones para, al final, poner un suspenso en grandes letras en la parte de arriba.

En el colegio, donde la señorita Thompson enseñaba, le pidieron que revisara los expedientes anteriores de todos sus alumnos. Ella dejó el de Teddy para el final.

Sin embargo, cuando por fin abrió su expediente le esperaba una sorpresa:

La maestra de primer curso de Teddy le había escrito en su expediente: "Teddy es un niño brillante y muy risueño. Sus deberes están bien cuidados y tiene buenos modales. Estar a su lado produce alegría"La maestra de segundo había escrito: "Teddy es un alumno excelente, muy querido por sus compañeros, pero está preocupado porque su madre padece una enfermedad terminal y su vida en casa debe ser muy difícil".

Su maestra de tercero había escrito: "Teddy es retraído, no muestra interés en clase, no tiene muchos amigos, incluso a veces se queda dormido".

A estas alturas, la señorita Thompson se dio cuenta del problema que tenía el niño y se sintió avergonzada.

Todavía se sintió peor cuando sus alumnos le llevaron regalos de Navidad, todos envueltos con preciosos lazos y papeles brillantes, salvo el de Teddy. Su regalo estaba mal envuelto con papel de estraza procedente de un envoltorio de verdulería.

La señorita se esforzó mucho para abrirlo en medio de los otros regalos. Algunos niños se echaron a reír cuando ella descubrió un brazalete con piedras de imitación al que le faltaban algunas y un frasco con sólo un cuarto de perfume en él. Pero ella acalló las risas de los niños al decir lo bonito que era el brazalete, poniéndoselo y echándose un poco de perfume en la muñeca.

Ese día Teddy se quedó después de la clase sólo para poder decir: "Señorita Thompson, hoy usted ha olido igual que olía mi mamá".

Después de que los niños se fueran, ella se quedó llorando al menos una hora. Ese mismo día dejó de enseñar lectura, ortografía y aritmética; y en lugar de eso EMPEZÓ A ENSEÑAR a los niños y niñas.

La maestra empezó a prestar especial atención a Teddy.

Conforme iba trabajando con él, su mente parecía revivir.

Cuanto más le animaba ella, más deprisa reaccionaba él.

Al final del curso Teddy se había convertido en uno de los niños más brillantes de la clase y uno de los preferidos de la maestra.

Un año después la maestra encontró una nota de Teddy bajo la puerta en la que decía que ella seguía siendo la mejor maesta que él había tenido en toda su vida.

Pasaron seis años. Ella seguía en la escuela dando clase. Un día encontró otra nota de Teddy bajo la puerta. En ella decía que había acabado el instituto siendo el tercero de la clase y que ella seguía siendo la mejor maestra que había tenido en toda su vida.

Cuatro años después recibió otra carta en la que decía que, pese a que las cosas habían sido algo difíciles, había conseguido seguir estudiando, se había esforzado y que se licenciaría con las mejores notas. Le aseguró a la señorita Thompson que ella seguía siendo la mejor profesora que había tenido en toda su vida.

Otros cuatro años pasaron y recibió otra carta. Esta vez él contaba que, después de conseguir su licenciatura, decidió seguir estudiando. En la carta le decía que ella seguía siendo la mejor profesora que había  tenido en toda su vida, pero esta vez su nombre era un poco más largo, la firmaba como Theodore F. Stoddard, Doctor en Medicina.

Pero la historia no termina aquí. Aún recibió otra carta más esa primavera.

Teddy le decía que había conocido a una chica y se iba a casar. Le contaba que su padre había muerto un par de años antes y se preguntaba si la señora Thompson aceptaría ocupar el puesto en la boda, reservado normalmente a la madre del novio.

La señora Thompson así lo hizo y ¿sabéis qué?, se puso el brazalete aquel al que le faltaban algunas piedras y se aseguró de usar el mismo perfume que, seguramente Teddy recordaba había llevado su madre las últimas navidades que celebraron juntos.

Se reunieron y el doctor Stoddard le susurró a la señora Thompson al oído: "Muchísimas gracias por hacerme sentir importante y demostrarme que yo podía cambiar las cosas".

La señora Thompson con lágrimas en los ojos le susurró a él: "Te equivocas, tú eres el que me enseñó a mí que yo podía cambiar las cosas. No sabía enseñar hasta que te conocí a ti".

Elisabeth Silance Ballard.

 

Me parece una historia realmente inspiradora, no sólo para profesionales de la educación, sino también para los padres.

Todos nosotros tenemos el deber de ayudar a los niños a descubrir sus grandezas, a multiplicar sus capacidades y a encontrar su lugar en este mundo. 

 

Bienvenidos

Este blog pretende ser un espacio para la reflexión; un punto de encuentro de la educación con todas las demás facetas de nuestras vidas.

El lema de SoleteS: “Una infancia feliz, un futuro mejor”, será el hilo conductor de este blog, La importancia de la educación, pero sobre todo, el amor por los niños. Creer en ellos lejos de etiquetas, diagnósticos previos o comportamientos pasados.

Me siento muy afortunada de poder compartirlo con vosotros y también muy agradecida de que aceptéis esta invitación.